Ni de pan, ni de Actimel.
Somos de Nocilla, que no la llames Nutella que me enciendo.
Esos seremos nosotros: los niños de la rebanada de pan con nocilla.
Rescato la idea de la polémica como forma de querernos, de confiarnos los unos a los otros en opiniones sinceras en las que no estemos de acuerdo. Porque en la ronroneante soledad del ventilador que suena en tu ordenador, no caben los discursos de otros. Habla como tú hablas y deja que te escuchemos, amigo, que lo haremos con cariño.
Yo quiero creer en esa mierda de los sueños, de perseguirlos y alcanzarlos. ¿Pero no es un poco un defecto congénito que compartimos todos los de nuestra generación? ¿O es real? Acaso porque nos tocó en la década de los 80 una infancia de dibujos animados duros pero positivos. Ni Heidi ni Marco lo tuvieron fácil, pero ahí les tenías saltando como cabras por las montañas. El padre de Oliver Atom siempre andaba de viaje, pero él llegó a ganar el Mundial con Japón. O ese barrio donde un erizo rosa gigante no sufría ningún tipo de discriminación. Lo más normal del mundo. Y películas de grandes héroes que luchando por aquello en lo que creían mejoraban su universo. Esas que concluían con un "The End" surgiendo sobre el apasionado beso final entre ella y él. Unos años llenos de oportunidades en nuestro país y su incipiente democracia. Cuando todavía estaban calientes las camisas de fuerza y tenía algún valor ser sutil.
Y hoy, que nos hemos hecho mayores, aún siento que ninguno hemos renunciado del todo. Que el pensamiento, el sentimiento de que podemos cambiar el mundo si nos ponemos a ello permanece. Que podemos ser lo que queramos ser si lo intentamos a pleno corazón, sin reservarnos fuerzas, si somos valientes... Que sigue ahí, vamos. Muy profundo, abrazado a ese pedazo del cerebro o del alma donde se resuelven todas las batallas.
No venimos de tiempos duros que nos curtieran en lo malo. De esos tiempos en los que no se comía a diario o se comía siempre lo mismo y sabía a rancio. Donde elegir era un privilegio escaso. Ni tampoco nos pillaron estos nuevos años en los que ya se ha visto de todo cuando aún no se atisban sostén ni bigote. Estos días en los que un chavalín de seis años con internet y dudas sobre la palabra "felación" puede saber teclearlo en google.
¿Quiénes somos? ¿Somos tan blanditos como parecemos, emparedados entre los lobos del hambre y el hastío? ¿Soñar es una gilipollez que nos venden los poetas o un reducto para los idealistas? ¿Acaso el poeta no se vende? ¿Es mejor o peor venderse por un sueño? ¿Y venderse sin más?
Somos aquellos niños de entonces, pero más altos y parados con el carrito de la compra frente a un estante repleto de botes de Nutella.
¿Dónde está nuestra Nocilla?
jueves, 13 de marzo de 2008
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