Not in my back yard.
Es un acrónimo para referirse a esa evolución de la crítica derivada a partir de la conveniencia y la comodidad. Enlaza bastante con aquello del sesgo confirmatorio. Pesaremos a favor aquello que nos de la razón, y en contra aquello que nos la quite. Pues esto de NIMBY es: quiero tener electricidad en casa pero que las torres de alta tensión no me las pongan al lado de mi terraza. Que se fría otro no me importa, no me lo plantearé. O lo compadeceré, pero lo haré mientras uso mi lavadora. Pero no en mi terraza.
Y, no sé, a mí me enlaza con esa serie de preguntas que tengo sobre por qué no conseguimos hacer un mundo mejor si todos decimos quererlo. Si todos estamos dispuestos a sacrificarnos por ello, ceder nuestras comodidades innecesarias porque otros también tengan los mínimos necesarios. En el plano teórico donde se dirimen todas estas conversaciones de restaurante. Y es ahí donde está la pregunta gorda, la buena: ¿realmente estamos dispuestos a ceder esas ventajas que decimos que cederíamos?
Oía en la radio a un tío muy pedante y bastante manipulador citar a Seneca ayer: "lo que decimos, sentimos. Lo que sentimos, decimos. Y hacer que la palabra coincida con los hechos." Tal vez ahí estuviese la solución, haciendo aquello mismo que decimos... ¿o tal vez, si todos coordinasemos voz y gesto, simplemente seríamos más sinceros y no diríamos aquello que no estamos dispuestos a hacer?