Me gustan las narraciones epistolares. Hay muchas formas de contar historias y ésta que persigue las huellas de sobre que dejaron una o varias personas... bueno, me resulta especialmente íntima, sincera. Cuando es de verdad, cuando está bien contada la historia. Como aquella tarde que nos asomamos a una ventana desde la que se podía ver un árbol lila temblando bajo el viento. Me toca.
Quería escribir algo polémico. Creo en las historias con conflicto, sea éste evidente o latente. Las dudas, los miedos. Hablan mejor de quiénes somos y dónde estamos. Porque -y rescato esa filantrópica visión de JuanCarlos Gené- estamos hechos de acciones como pegotitos de plastilina que forman el muñeco. Ese muñeco imperfecto de párvulo que siempre hemos sido. Nieva sobre Buenos Aires.
Más aún, quería escribir algo.
Y pensé en muchas cosas -que puede regresen más adelante o no- y al final solamente divago. Como una forma de existir: dudar.
He aquí un blog.
He aquí, nosotros.
Nieva sobre Buenos Aires.
miércoles, 12 de marzo de 2008
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